Detalle de la torre de Ochate

Detalle en blanco y negro de la torre de Ochate. Ésta estructura es el único vestigio de la antigua iglesia de San Miguel que ha resistido al paso tiempo . El origen de la “Parroquia de La Aparición de San Miguel Arcángel” se remonta a la repoblación del siglo XVI cuando, tras casi trescientos años de abandono, unas seis familias se instalan en las inmediaciones del antiguo Chochat y abordan la construcción del templo. En 1556 se menciona ya la iglesia, aunque hay razones para pensar que aún estaba inconclusa y por tanto sin consagrar. Dos años más tarde, en 1558, da comienzo su primer Libro de Fábrica: registro oficial a modo de acta donde se reseñaban las cuentas, visitas pastorales, reparaciones, etc…

La iglesia de Ochate era de un modesto estilo rural, incluso más humilde que la mayoría de iglesias de la zona. De una sola nave y planta rectangular, contaba con casa parroquial en el nivel superior y un cementerio en la parte trasera muy similar en proporciones al de la iglesia de Uzquiano. Su fábrica, salvo en lo más esencial, era de mampostería. En cuanto a la torre, los lienzos centrales fueron hechos en mampostería y ripio, y las esquinas, zócalos y parte superior en lumaquela de Ajarte. Tuvo solo dos campanas en las caras este y sur, siendo la primera más grande que la segunda. En su interior se veneraban las figuras de San Miguel Arcángel, San José y San Juan de Ortega. Estas dos últimas aún se conservan en la Parroquia de Imíruri.

Desde 1558 a 1852 en la iglesia se celebraron oficios religiosos con normalidad, aunque no siempre con cura residente. A partir de ese año y debido al concordato de 1851, las parroquias de la zona dejaron de depender del Obispado de Calahorra y los archivos parroquiales de Ochate se unificaron con los de Imíruri, siendo un mismo párroco quien debía servir a ambas iglesias. En 1886 el obispado dispensó al sacerdote de tener que subir todos los días a Ochate (a caballo) y decidió centralizar las misas únicamente en la matriz de Imíruri. Eso disminuyó notablemente la actividad de la iglesia de San Miguel, aunque siguieron realizándose ocasionalmente misas de aniversario, funerales, etc. al menos hasta 1914. El último enterramiento en el cementerio de la localidad se realizó el 28 de marzo de 1919, correspondiendo a una mujer de 77 años llamada Gregoria Vallejo.

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